amando este lugar...
Un festival de pijamas permanente, pijamas de canalé, de chorreras, de tactel para camas, de lo llevan morenas, rubias y canas, asalto de sabanas al asfalto, y polútate los textiles y duérmete con la polvareda callejera, muy Hanói, mu autentico y mu singular.
A diferencia de Ho Chi Minh City, la llamada Saigon tomada como base por Nixon y Reagan, Hanói no habla inglés y los infinitos moteles prostituidos se clandestinizan entre las alcantarillas taponadas y los tubos de escape que no dejan escapatoria, Hanói es antiguo, ni clásico, es viejo, pero está empezando, es cloaca, es lindo, tiene encanto, apesta y no ama a pesar de ser amado.
Su lago en el centro, su tortuga espadachín que cada noche sale a flote, a frotarse los ojos legañosos pues no comprende el tío vivo de hondas, yamahas y kawasakis que dan vueltas a su alrededor, sin meta sin expectación, en un ruedin anestesiado que mantiene a cientos de parejas abrazadas a la quema de aceite de su motor, sin motivo aparente, con disfrute latente.
Bajo ese lago duerme un lecho de bambú, que antes soportaba una pagoda grande, bigarda, central y misteriosa, días de dinastía imperial, de Vietnam guerrero y espíritu introspectivo.
Hoy las pagodas siguen danzando en la mente y los ratitos sueltos de los y las vietnamitas, son centros ociosos, muy suaves en el ambiente, columnas protectoras de budas, buditas y budotes, figuras veneradas en su altar[1] que contemplan el patio con cierta desidia agradecida, allá se puede ir a ver y a mirar, también a charlar y escuchar, y sobre todo, a practicar bádminton, kung fu, voleibol, domino, backgamon chino y futbol, si eres menor de lo que soy.
No me entusiasma hablar de Hanói, ni Vietnam, ni Indochina, tampoco de los pobladores vietnamís, me da respeto y yuyu generalizar una casualidad que me haya tocado vivir, aunque he construido prejuicios y post juicios, he sido letrado y fiscal, he sentado en el banco de los acusados a los inocentes y he abrazado a goldfingers que solo querían mis remotos dineros, he confiado desde el principio en que la peña es buena, maja, que le gusta hacer el bien, y si es que no, seguro que pensar que sí ayudará a que cambien, pero claro, mis hostias me he llevado, bien.
Salgo a la calle... indiferencia y circo, elige y exponte, guiri, expatriado, vecino o primer ministro, mis ojos no se rasgan, mi vietnamita anda con muletas, mis hombros no alcanzan a ver mis rodillas, los poros de mi cara pocas veces logran vislumbran el sol a través de las lianas enraizadas… claro, no soy vietnamita, y aunque lo fuera, no lo creerían, por eso el transito callejero es una apuesta, un luegomelocuentas, un joder q brasa, un eoh, q estoy aquí joer; algunas veces, mirada de pecho, indiferencia, como espectro q no hace ruido al pisar las hojas, como tetrabrik vacío, ni soy ni intereso, ni valgo ni comprendo, recién llego pero salgo, no entro, si no temen, yo no temo.Otros días, mono titi vigilado desde las azoteas, atención a todas las unidades! tenemos un señor francés, o español, cruzando la avenida, no sabemos si es peligroso, lleva barba, deberíamos tocársela para comprobar la autenticidad en las texturas, además sus cejas también destacan en agilidad y grosor, desde la brigada noreste avisamos que nos tiene descolocados, tiene ordenador portátil pero vive en un lupanar reconvertido a cuchitril, trabaja en oficinas pero va en bicicleta vieja y rota que intercambio a una campesina, tiene tarjeta de presentación en la mochila pero dice que no habla inglés, que solo vietnamita, aunque no sea tanto, chapurrea, sube, baja, crea y defiende, vive entre lumis pero no cata, el ultimo fax enviado desde el bureau de información, vigilancia y control del Partido menciona que estudio para ser empresario pero que se dedica a poner letrinas.
Y me rascan la barba, y me hacen redadas en la oficina para asegurar que no duermo allá, me intenta robar el tipo que me rebajó el día anterior por negociar en tieng viet, el perro me ladra un día, otro calla y se esconde tras la casera, que es la que ladra siempre, y llevan uñas largas, como yo, y dejan que los pelos milenarios que protuberan las verrugas crezcan en signo de potencia macho alfistica, y se meten los trozos de carne, pollo, pescado, rata, perro, serpiente o cerdo de una pieza, sin pelar, sin deshuesar, sin echar un ojo, sin elegir, sin taxidermia ni mariconeo, todo de una, pico, ojos, discos vertebrales, talón de Aquiles, sobaco o lengua, pechuga o esternón, se sube al columpio de los palillos y desaparece entre su paladar y mi asombro, y no sale una raspa, un cartílago, un tendón mal tirado, una uña chuya o una pluma mal tirada, todo inside, yo tiemblo, aparto mi bol, me despisto, y me lo vuelven a rellenar.
Conducen temerarios, con una mano en el móvil y la otra para señalarme la cesta dela bici, motos haciendo eses, coches buscando trompos de free, entrelazados con tuc-tucs conducidos por veteranos de guerra que amagan volcar cada curva, con bicis destartaladas dando pedaladas descoordinadas, con rickshaws empujados a pedal, donde reposan parejas de extranjeros en convulsión fotográfica, con algún patín, otros pateos ligeros y sobre todo, cruces ciegos y aleatorios, todo en calles estrechas como futuro de Gaza, oscuras como futuro en Chechenia, malolientes, como futuro en Osetia del Sur, y sucias, como la venda en los ojos de Europa ante el Kurdistán.
Un rio parte la ciudad, dejando casi todo a un lado y los extra radios allá enfrente, desde los puentes se ve que estamos haciendo, se ve cada huerto con respiración asistida y sonda interpuesta por la sombra de bloques de cemento que buscan la gloria en unas nubes que solitas se encargan de venir a difuminar la vista, el pecho y la tos; se ven también los mercados, que no acaban, q son auto sostenibles, porque se sostienen y nadie sabe cómo, porque son palos y telas, porque las ratas forman cooperativas y grupos de usura, porque el barro envuelve el pescado y los pesticidas certifican la denominación de origen de cada lechuga sin sabor, el resto, las buenas, tiene gusanos y bichos bola.
Desde Mercurio se ven los lagos de Hanói, azul acero, fruto del amor entre el hidrogeno y el oxígeno, contaminada relación por escarceos bacanalisticos con coliformes imperiales, con agente naranja defoliante, con metales pesados como Garci, de un tratamiento de aguas que no ha sido invitado a visitar la ciudad ante la fluidez quita-preocupaciones que suponen los canalones medievales, tan directos, del ojal a las olas, de pescados muertos presume la orilla, de tracoma se escapan pocas semillas, de arsénico escapan pocos anzuelos, de ver a niños bañándose en ese veneno, se me inundaron las mejillas.
En el lago grande paso mis ojos cuando se aburren de no mirar, en el otro, el chiquito, pedalean cisnes refugio de parejas a falta de cine de romanos, y en el central comenzó esta historia, en Hoan Kiem, historia sin salida ni meta, historia de pasatiempo, de revivir, de bandeja de comida en avión a 15000 pies de altura, descendiendo a Moscú, apago, del baño llega ella, me voy yo y lees tú.
siguiendo amando este lugar...
[1]Las ofrendas constituyen un elemento fundamental y surrealista a ojos westerncéntricos, destacándose la puesta a pie de figura, estatua o cuadro, de latas de sprite y mirinda, cajas de pitillos, oreos y chips ahoy como gran fichaje de temporada, flashes descongelados, ibuprofenos para salvaguardar cansancio en la escucha de plegarias, y frutas de plástico, para asegurar la indigestión; todo ello bucea en nubes de incienso, q como el vino, la cerveza y la falta de amor, son malos en exceso.
Leerte es ir montado en un xe om. Nunca sabes qué se te va a poner por delante. Caótico, automático, ingenioso...Me gusta y me identifico. ¡Un abrazo!
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