Juanito Hidalgo, bajito, saltaba para bajar las redes de la pérgola cada madrugada, de piel rugosa y chamuscada, pero aún tirante, el sol le había castigado todos esos años de zarpe y calado, sus dedos como cuerdas de acero en el tendal, sajaban las rodajas con precisión y maestría, tenía rostro cansado y bolsas para congelados en los parpados, sus rodillas hacían el ruidillo ese de las llaves cuando se posan en una mesa de la entrada, pero sus muslos y sus gemelos parecían una columna del dórico, con un capitel en la muñeca capaz de soportar cualquier empujón de la línea.
Vivía, y vive, claro, en Quintana Roo, una federación chiquita del Yucatán, donde México mira al Caribe y le pide ricos batidos de guanábana y maracuyá, allá hizo familia, hogareño el jodio, aun vibraba con la mirada cómplice de Elvira, 26 años de casados, dos días le decía su cabeza a su corazón, y los chicos, y las chicas, de todas las tallas, sonrisas y colores; Juan, el mayor había cumplido ya los 24, disciplinado en casa, y un jeta en el lupanar, estaba ahorrándose unas chelitas para poder casarse con Mariana, sobrina del alcalde. Luego venían Andrés, Andrea y el pequeño, Isaías, que desde los 5 años ya sabía armar los anzuelos como Hemingway los párrafos.
Si no hay reparación, ni heridas, ni compromisos, ni repuestos caídos al mar, a eso de las 2 de la tarde retorna al muelle, duchazo, descanso, cigarrillo en la hamaca y a comer, que Elvira suele cascarse un pescado frito de vértigo, con yucas del jardín y arroz del mercado, cosa fina, hablan, aprenden, comparten y ríen.
Una tarde, 16 de enero, ocurrió algo, inesperado, lindo, bello y aburrido; estaba Juan jugando con la ingravidez de la hamaca y lo newtoniano de sus parpados, cuando una sombra se proyectó, Juan se levanto curioso, pensando que carajo hacia un gringo allí, en su casa, rojo como carabinero y sonriente como Zsa Zsa Gabor, entonces escucho:
- Hola, que tal? es usted Juan Hidalgo, verdad?
- Si, dígame, a mandar, que fue?
- Hola, si, bueno, yo soy Steven Macflurry, de Fishinfinitive Asociados…
- Perdón?
- Bueno, en realidad soy un consultor encargado de estudiar los hábitos de pesca en toda la región, de rastrear posibles socios, ya sabe…
- Eh…
- Me han comentado que es usted muy bueno al arrastre, que se lo lleva todo, por eso me gustaría charlar con usted, algo breve, si le parece bien, claro
- Ya, pues si, esta bien (con el ceño fruncido por el sol de cara y la boca abierta de incredulidad)
- Verá, he estado observando las prácticas que tienen por aquí, esos anzuelos de 5 Mm. y esas lanchas sin rotores mecánicos, no entiendo, como usted sabrá la tecnología pesquera ha avanzado mucho en los últimos 15 años, ahora la pesca de fondo ofrece muchas ventajas, incluso para pequeños pescadores artesanales como usted, se ha imaginado que posibilidades se presentan para gente como usted…
- No se muy bien que quiere decir, la verdad
- Pues verá, con estos nuevos rotores y anzuelos de eje horizontal en la brecha, de acero de alto carbono, una maravilla, y adem…
- Espérese ahí, esto para que es?
- Bueno, esto es una oferta amigo, le ofrezco algunas puntas tecnológicas, para mejorar su rendimiento, piénselo, podría sacar capturas hasta un 800% más grandes, más pescado, más dólares en su bolsillo…
- Ok, ok, y eso como sería? Para que mismo?
- Bueno, con esos dólares podría pensar incluso en armar una marisquería, una pescadería, un almacén para mantener el pescado vivo más tiempo…
- Yo? Eso, como?
- Bueno, desde Fishinfinitive le ofreceríamos todo nuestro apoyo, préstamos y asesoría, y cumpliendo con las condiciones y requisitos de calidad estaríamos hablando de exportar a Miami incluso… que me dice? Suena genial, verdad?
- Eeeesto, y eso, para que Miami?
- Hombre, imagine, podría tener una franquicia, comprar otras lanchas, tener una pequeña flota propia, dólares en su bolsillo, negocios, gente de nivel…
- Bufff, eso es muy extraño, muy allá me queda, lo siento, pero es que no consigo entender todo esto, el porque, el para que…
- Por favor! imagine, usted controlaría el negocio de la pesca en la región, y por supuesto tendría a gente trabajando para usted, usted podría pasársela en…
- Pasármela como?
- Pues eso! Podría incluso dejar de pescar, vivir la buena vida
- La buena vida…dice?
- Hombre, que queremos en esta vida? Luchar por ese momento de respiro, de relajarnos, de estar con los suyos, imagínese, pasear con su mujer cada atardecer por el borde de las olas, disfrutar de ver a sus hijos, tiempo para bailar, para recordar los años de duro trabajo, para reír, para (no se atrevía a decirlo) soñar? Si, para soñar…
- Aaaaaamigo, ya, era eso, bien, si, pues le agradezco mucho señor, por su interés, pero como comprenderá no estoy interesado en todo eso, pues esa vida ya la tengo ahorita, y si me disculpa, voy a seguir haciendo que duermo mientras espío la entrepierna de mi mujer y escucho a las gaviotas vigilar el puerto…







este post me recordo el primer papipollo galapagueño :)
ResponderSuprimirSe te quiere querido :)