viernes, julio 30, 2010

EEEECHA EL ANCLA, JOHN!



Juanito Hidalgo, bajito, saltaba para bajar las redes de la pérgola cada madrugada, de piel rugosa y chamuscada, pero aún tirante, el sol le había castigado todos esos años de zarpe y calado, sus dedos como cuerdas de acero en el tendal, sajaban las rodajas con precisión y maestría, tenía rostro cansado y bolsas para congelados en los parpados, sus rodillas hacían el ruidillo ese de las llaves cuando se posan en una mesa de la entrada, pero sus muslos y sus gemelos parecían una columna del dórico, con un capitel en la muñeca capaz de soportar cualquier empujón de la línea.


Vivía, y vive, claro, en Quintana Roo, una federación chiquita del Yucatán, donde México mira al Caribe y le pide ricos batidos de guanábana y maracuyá, allá hizo familia, hogareño el jodio, aun vibraba con la mirada cómplice de Elvira, 26 años de casados, dos días le decía su cabeza a su corazón, y los chicos, y las chicas, de todas las tallas, sonrisas y colores; Juan, el mayor había cumplido ya los 24, disciplinado en casa, y un jeta en el lupanar, estaba ahorrándose unas chelitas para poder casarse con Mariana, sobrina del alcalde. Luego venían Andrés, Andrea y el pequeño, Isaías, que desde los 5 años ya sabía armar los anzuelos como Hemingway los párrafos.


 Juan era famoso en el pueblo por sus batallitas, su sonrisa atemporal y por su pecho echao palante, nadie bajaba como el a la langosta, un tubo, un trago corrido de tequila y a la roca, a sacar los cuartos entre morenas y escualos; era dura la vida, cada madrugada a las 3h30 sonaba su despertador, destartalado ya de golpes a ciegas, todo en marcha, doble fajín, pañuelo, gorro y gorra, triple manga y a la calle, despierta a Juanillo, y arman los aparejos, destornilladores por acá, tenazas allá, enhebrando sedales y despuntando destorcedores, las binchas bien grapadas y las redes sin estrangularse, camino al muelle y rumbo Yukalpetén. Marejadas y aguajes, desconcierto y temor, bujías que estallan y motores en la cola del INEM, iba muy justito de lo suyo, apenas sacaba 300 dólares al mes, y eso, viviendo 6 en un techo de Uralita, no es gran cosa, pero de momento, este año ha entrado bastante mero y el, más diablo por viejo que por malo, sabe los puntos de mancha y esta sacando suficiente para comer en casa, regalar a los vecinos y vender en el muelle lo sobrante, sufrido pero servido, dice.

 
Si no hay reparación, ni heridas, ni compromisos, ni repuestos caídos al mar, a eso de las 2 de la tarde retorna al muelle, duchazo, descanso, cigarrillo en la hamaca y a comer, que Elvira suele cascarse un pescado frito de vértigo, con yucas del jardín y arroz del mercado, cosa fina, hablan, aprenden, comparten y ríen.


Siesteando, una horita a la bartola, hamaca contra hamaca, a veces se queda hipnotizado mirando a Elvira, que se balancea junto a el cosiendo las caídas en la ropa de la chavalería, que se han ido rapidito a jugar donde la Iglesia, un balón pinchado y se acabo el mundo, no llueve y eso es que la Virgencita les esta mimando. Luego los chicos al estudio, Juan intenta ayudarles con las tareas, aunque casi nunca supo de letras y números, siempre les recordaba la importancia de la constancia, les tomaba la lección con las gafas gachas y sin apenas distinguir unas palabras de otras, a veces tenia que abroncarles por distraerse, reírse, escaparse y burlarse de todas las anteriores, hasta que se bajaban al malecón, paseo del brazo de Elvira, joder, q bien, q pesada era, no callaba, pero eso le encantaba en realidad, se daban codazos de vez en cuando para avisar al otro de que mirase al loco escapado o a la hija del Comisario que se había echado novio en secreto y se escondía tras los bancos de madera…


Una tarde, 16 de enero, ocurrió algo, inesperado, lindo, bello y aburrido; estaba Juan jugando con la ingravidez de la hamaca y lo newtoniano de sus parpados, cuando una sombra se proyectó, Juan se levanto curioso, pensando que carajo hacia un gringo allí, en su casa, rojo como carabinero y sonriente como Zsa Zsa Gabor, entonces escucho:

-         Hola, que tal? es usted Juan Hidalgo, verdad?
-         Si, dígame, a mandar, que fue?
-         Hola, si, bueno, yo soy Steven Macflurry, de Fishinfinitive Asociados…
-         Perdón?
-         Bueno, en realidad soy un consultor encargado de estudiar los hábitos de pesca en toda la región, de rastrear posibles socios, ya sabe…
-         Eh…
-         Me han comentado que es usted muy bueno al arrastre, que se lo lleva todo, por eso me gustaría charlar con usted, algo breve, si le parece bien, claro
-         Ya, pues si, esta bien (con el ceño fruncido por el sol de cara y la boca abierta de incredulidad)
-         Verá, he estado observando las prácticas que tienen por aquí, esos anzuelos de 5 Mm. y esas lanchas sin rotores mecánicos, no entiendo, como usted sabrá la tecnología pesquera ha avanzado mucho en los últimos 15 años, ahora la pesca de fondo ofrece muchas ventajas, incluso para pequeños pescadores artesanales como usted, se ha imaginado que posibilidades se presentan para gente como usted…
-         No se muy bien que quiere decir, la verdad
-         Pues verá, con estos nuevos rotores y anzuelos de eje horizontal en la brecha, de acero de alto carbono, una maravilla, y adem…
-         Espérese ahí, esto para que es?
-         Bueno, esto es una oferta amigo, le ofrezco algunas puntas tecnológicas, para mejorar su rendimiento, piénselo, podría sacar capturas hasta un 800% más grandes, más pescado, más dólares en su bolsillo…
-         Ok, ok, y eso como sería? Para que mismo?
-         Bueno, con esos dólares podría pensar incluso en armar una marisquería, una pescadería, un almacén para mantener el pescado vivo más tiempo…
-         Yo? Eso, como?
-         Bueno, desde Fishinfinitive le ofreceríamos todo nuestro apoyo, préstamos y asesoría, y cumpliendo con las condiciones y requisitos de calidad estaríamos hablando de exportar a Miami incluso… que me dice? Suena genial, verdad?
-         Eeeesto, y eso, para que Miami?
-         Hombre, imagine, podría tener una franquicia, comprar otras lanchas, tener una pequeña flota propia, dólares en su bolsillo, negocios, gente de nivel…
-         Bufff, eso es muy extraño, muy allá me queda, lo siento, pero es que no consigo entender todo esto, el porque, el para que…
-         Por favor! imagine, usted controlaría el negocio de la pesca en la región, y por supuesto tendría a gente trabajando para usted, usted podría pasársela en…
-         Pasármela como?
-         Pues eso! Podría incluso dejar de pescar, vivir la buena vida
-         La buena vida…dice?
-         Hombre, que queremos en esta vida? Luchar por ese momento de respiro, de relajarnos, de estar con los suyos, imagínese, pasear con su mujer cada atardecer por el borde de las olas, disfrutar de ver a sus hijos, tiempo para bailar, para recordar los años de duro trabajo, para reír, para (no se atrevía a decirlo) soñar? Si, para soñar…
-         Aaaaaamigo, ya, era eso, bien, si, pues le agradezco mucho señor, por su interés, pero como comprenderá no estoy interesado en todo eso, pues esa vida ya la tengo ahorita, y si me disculpa, voy a seguir haciendo que duermo mientras espío la entrepierna de mi mujer y escucho a las gaviotas vigilar el puerto…


 Tantas prisas en la vida, tantos saltos y promociones, tantos salarios y vacaciones, tantos miedos y fracasos, y la verdad, es que todo andaba por acá, entre el sol y el pecho, cada instante un mundo, y cada mundito, una vida a aprovechar, a llenar, con sentires y besos.

 

1 comentarios:

  1. este post me recordo el primer papipollo galapagueño :)
    Se te quiere querido :)

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