jueves, febrero 11, 2010

ESPERA, ESPERA... AAAAAAHORA


En una esquina lo vi, allá me encontró, solos los dos, más solos que nunca, concatenaciones estelares o solitarios vocacionales, daba igual, al principio ninguno saco el tema, vergüenza y psicoanálisis telepático, rápidamente las cosas fluyeron, yo necesitaba una pernera a la que anclarme como cuando una madre pierde al niño en grandes almacenes, el no parecía amar la soledad y cualquier cesta de comprensión podría ser recipiente…

Me contó de su batallas, de cómo se jodía las botellas de whisky disfrazadas de bolsa de papel de estraza para que los Cops no le cazasen, de sus atardeceres de frío súbito, de sus suspiros sin trascendencia, de sus ganas de más porque menos no imaginaba, me contó de sus esperanzas y desesperanzas, de cómo habían cambiado las cosas, cuando esto era cuadriculado como cuaderno de EGB, cuando todo por todos y para todos, cuando había 4 tanques y 3 coches, y el pasaba las horas dejándose dorar por el otoño como Chavela Vargas, contemplando el mausoleo de Ho Chi Minh y soñando con el pasado por no querer recordar el futuro, pensó en aquellos aviones de colon inflamado y aguda gastroenteritis, como caía el chaparrón de bombarderos, como los hermanos se mataban porque su vida pintaba tan triste que nunca conseguían comenzar a conocerse, y se le llenaban los focos de lagrimas cuando pensaba en el valor de esos héroes que ahora, en cada niño que nace renacen dentro, de cómo cayeron Saigón y Thanh Hoa, como Australia y Tailandia quedaron con Nixon para comerse el sándwich, y como escuchaba los gritos de Camboya por aprisionantemente que se tapase los oídos…

Eche un par de horas a su vera pero pude pasarme a sus capilares, y zambullirme por sus venas, dios, apestaba a soledad, a incomprensión, a haber volado sobre el nido del cuco, a dejarse llevar por la zozobra, de ese que se acostumbra a nunca ser, a nunca hacer, y así pasa la muerte saludándole cada mediodía, pero el sigue en pie porque con todo, como Luther King, tiene un sueño, una esperanza, una llamita de cerilla húmeda, un algo para seguir siendo…

Y era entonces, cuando hablaba de su plan, de su deseo, de su razón para razonar, cuando se le iluminaban los ojos, de un color verde eléctrico, de un verde de arrozal de Phu Tho, de grano tierno, de sol mimando fibras, de raíces armando botellón de sales, de verde estaba disfrazado su sueño…

Antes de irme, me dijo “se que sí, se que algún día se detendrán”

Y me aleje poquito a poco, pensando en la desdicha de no ser aún existiendo, y camine danzando pensando en escribir sobre como me hice amigo de un semáforo en Hanoi…

1 comentarios:

  1. casi me da vergüenza llevar todo el día pensando en las 22:00 de hoy.
    pé éme.

    cariñosamente dentro del área,
    jose manuel j., la perla de sanlúcar.

    sin rencores.

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